ENCUENTROS EXTRATERRESTRES
Julio Platner, Argentina
Winifreda era en ese entonces un pueblo de 1.700 habitantes, está situado a 670 kilómetros de Rosario y a 45 kilómetros al norte de Santa Rosa, capital de La Pampa.
Uno de los casos de abducciones más conocidos en Argentina se produjo en la provincia de La Pampa. El abducido, Julio Platner, agricultor y comerciante de la pequeña localidad de Winifreda, pasó por una experiencia de pesadilla después de una visita rutinaria a la casa de un amigo.
Como la mayoría de los residentes de esta pequeña localidad soñolienta, Julio Platner, de 33 años en ese entonces, se dedicó al negocio de cultivo de cereales. Se comenta que era una persona sencilla de pocas palabras, que rara vez leía noticias en los periódicos que no le llamaban la atención y siempre fue visto como un buen compañero.
En la tarde del 9 de agosto de 1983, Julio Platner visitó la finca de Don Antonio Fisher, situada a unos 10 kilómetros de la localidad de Winifreda, para gestionar la venta de cereal. La amigable charla se prolongó más de lo previsto y alrededor de las 7:30 pm (19:30 horas), Platner decidió irse a su casa. Fisher lo acompañó al lugar donde había estacionado su camioneta y antes de despedirse le pidió a Platner de asegurarse de cerrar bien la tranquera (puerta o portón en otros países) para evitar el escape de un grupo de caballos que estaban sueltos en la finca.
Mientras Platner se dirigía hacia la entrada de la finca, vio a una reflexión entre los árboles, pero no le pareció importante. Cuando llegó a la tranquera, se salió de su camioneta para abrirla y de pronto vio una masa luminosa de luz lanzándose hacia él, que parecía la luz de una "soldadura autógena" y produjo un sonido similar al de una turbina. Instintivamente intentó de cubrir su cara con su brazo derecho, pero perdió el conocimiento.
Cuando su conciencia volvió, se encontró sobre una camilla o "un sillón, parecido a lo que los dentistas usan", rodeado por cuatro seres que lo observaban atentamente. Como pudo notar, la habitación era amplia y esférica, sin esquinas notables y las paredes parecían que estaban acolchadas ya que en ciertas partes notó algo como "bultos". El lugar estaba bien iluminado, pero Platner no pudo identificar ninguna fuente de luz convencional. A su derecha observó una especie de "vitrina", que se destacaba por su brillantez en contraste con el resto del entorno que era más opaco y no mostraba ningún detalle. Platner estima que permaneció en esa sala por unos cinco minutos.
Y relataba:
"De pronto me vi en medio de una habitación esférica, sentado como si estuviera en el sillón de un odontólogo y cuatro personas, cuatro seres, no sé cómo decir, que me rodeaban. Podría decir que eran tres eran 'varones' y una 'mujer'. No me asusté para nada, había una gran paz en el lugar así que estaba tranquilo. Quise hablarles, preguntarles quiénes eran, qué querían, pero me di cuenta que cuando pensé en hacerlo me contestaban telepáticamente. Me decían algo así como que estuviera tranquilo, que esto que hacían ahora pasaba muchas veces en el mundo. La 'mujer' se acercó y me puso como si fuera una moneda aquí -señalaba su muñeca izquierda-, y después me sacaron sangre".
Después de esa noche mostraba su muñeca y se veía claramente una marca . "Los médicos me dijeron que de la muñeca me sacaron una célula, y sangre del antebrazo", explicaría luego Julio.
En una nota que dio a un diario dijo que:
"en un momento dado, de curioso, los quise tocar con mi mano derecha, pero me di cuenta que había como una pared, supongo que un panel magnético o algo así que me lo impedía. Lo mismo me había pasado antes cuando me había querido parar. Había una gran luminosidad que venía de todos lados, incluso desde el piso. Me trataron muy bien, si hasta en un momento tuve ganas de preguntarles cuánto les debo", conto mientras se reía.
Los seres que lo acompañaban tenían una forma antropomórfica, eran proporcionados en altura, estimado a 1,60 metros. Dos de ellos estaban delante del abducido y los otros dos en cada lado y levemente detrás de él. Uno de los seres tenía senos, por lo que Platner identificó a éste como una mujer. Ella estaba reteniendo el hombro derecho de Platner con su mano izquierda.
Platner los describio que los ojos de estos seres eran grandes, redondos, fijos y no tenían párpados. En vez de encontrarse hundidos en una cavidad, sobresalían de la cara y Platner afirmó que en el centro de cada ojo "había otro ojo pegado en la parte superior del otro." Los labios eran finos,similares a los de los humanos y la nariz era chata y tenía dos pequeños agujeros.
Sus movimientos eran suaves y lentos que dio la sensación de que se deslizaban en lugar de caminar. Platner describió el vestuario como "una sola pieza ajustada al cuerpo" de un color gris-verdoso, pero le dio la impresión de que se integraba con la piel, sin que se notara las costuras o los bordes de la tela.
Platner, que intentó de comunicarse, no lograba emitir ningún sonido ni podía oír lo que decían los seres al mover sus labios. Aseguró que la entidad femenina telepáticamente le informó que él podía contar de lo que le estaba ocurriendo, pero también le aseguró en adelanto que no todos iban a creerle. Un segundo mensaje le instó a calmarse.
Platner recuerda que el silencio era total, que la temperatura era absolutamente normal y que no se sentía la mano apoyada en el hombro derecho. En cierto momento, trató de levantarse, pero su cabeza chocó contra una barrera que no podía ver. No recuerda haberse golpeado, pero en cambio se sintió paralizado. Al observar su propio cuerpo, se dio cuenta de que le habían quitado la chaqueta y el suéter, el reloj y todavía tenía su camisa puesta, aunque la manga de su brazo izquierdo estaba enrollada.
El ser de apariencia femenina mantuvo su mano izquierda sobre su hombro derecho y los demás seres aplicaron en su muñeca izquierda un tubo transparente de unos 20 centímetros, con un extremo flexible que terminaba en una esfera. El ser movió el objeto sobre la superficie de su brazo izquierdo y se detuvo en la fosa del codo. El tubo se llenó hasta la mitad con sangre que, según Platner, parecía ascender en forma de remolino. Después de la extracción, se le instó a ponerse de pie, que Platner hizo con cierta inseguridad. Lo último que recuerda es que los seres desaparecieron repentinamente.
"En un momento no los vi más. Me acuerdo de 4 ó 5 minutos, pero después sacando cuentas me di cuenta que habrían sido unos 20 ó 25, porque a las 9 y media de la noche estaba de vuelta en mi casa. En ese instante cuando no los vi me quise parar, quise caminar, pero me di cuenta que estaba como en el aire, y ahí sí, no me acuerdo de más nada.
Después me vi en la camioneta, una Fiat 125, y enseguida me orienté dónde estaba, así que di la vuelta y pasé por el campo de donde me habían llevado. Cerré la tranquera que había quedado abierta, ahí me di cuenta que tenía sangre en la camisa, y me volví a mi casa".
Platner recuperó la conciencia dentro de su camioneta. Aproximadamente cuarenta minutos habían pasado desde que el resplandor de luz se abalanzó sobre él. Se sentó con las manos en el volante y recordó que "no me faltaba nada. Tuve mi reloj y estaba completamente vestido de nuevo. Incluso tenía la chaqueta cerrada hasta la mitad como antes, algo que me llamó la atención porque la cremallera tiene un defecto en la parte de abajo y es difícil de enganchar. La llave estaba en su lugar, pero el motor estaba apagado, lo mismo con las luces de los faros, que antes estaban encendidas. El vehículo arrancó sin problemas."
Él inmediatamente reconoció el paisaje y se dio cuenta de que estaba en un camino vecinal a unos 17 kilómetros de la tranquera de acceso de la finca de Fisher. Entonces recordó que Fisher le había pedido que cierre la tranquera, así que regresó al lugar. Platner dijo que en el momento en que salió a cerrar la tranquera, tomó conciencia de la extraña experiencia que había vivido. Se colocó delante de los faros de la camioneta y pudo ver que tenía marcas en su brazo izquierdo, donde la sangre seguía brotando.
Platner subió a su vehículo y se dirigió a su lugar de trabajo en Winifreda. Llegó a Nervi S.A. aproximadamente a las 8:30 pm (20:30 horas), pero no comentó nada a sus compañeros de trabajo. Permaneció allí hasta las 9:00 pm (21:00 horas), y luego se fue a su casa. Su esposa notó que estaba alterado, ante su insistencia, Platner le contó lo sucedido. Ella le recomendó que al día siguiente visitara a Adolfo Pizarro, el médico de la familia.
El Dr. Pizarro examinó las marcas y comprobó que la lesión en la muñeca parecía una simple raspadura. La marca que aparece en la fosa del codo fue una punción en una vena, similar a la que queda después de una extracción de sangre. El médico cree que el pinchazo no parecía haber sido producido por una jeringa común, ya que aparecen varios agujeros pequeños y la marca superficial no mostró evidencia de un hematoma.
A los 67 años falleció en Winifreda Julio Platner quien contó miles de veces lo que aconteció aquella noche. "No tengo problemas cada vez que alguien quiere escuchar, y tampoco me importa si me creen o no me creen. Yo tampoco creía y decía que hasta que no lo viera", contaba riendo después.
Este abducido recuerda todo lo que sucedió, sin la necesidad de la regresión hipnótica. Estando enterado de lo que había ocurrido y las heridas sufridas en aquel momento, este caso es muy parecido al caso del brasileño Antonio Villas Boas, que se produjo en 1957.







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